1.659 días de bendición
Friday, February 25, 2011 |
Jonathan El 14 de agosto del 2006 llegué a Venezuela con grandes expectativas. No sabía que el Señor tenía preparado para mí. Vine con algunos planes en mente y por supuesto, algunas metas. Llegué con ansias, con emoción y con muchas ganas de aprovechar el tiempo. Mis años aquí en Venezuela, más que cualquier cosa, me han enseñado que Dios es bueno y fiel y que bendice a los que ama.
Ya en mis últimos días aquí no puedo dejar de dar gracias a Dios por la bendición de haber sido enviado para acá. En el país donde nací, muchas veces me admiran por haber dejado mi casa, familia y país para venir a Venezuela. Si realmente entendiesen la bendición que ha sido mi tiempo aquí, creo que en vez de admiración se sentirían envidia de la buena. Vine a compartir mi conocimiento de Dios y ahora me voy con un gran aprendizaje que vale más que cualquier título universitario.
¿Qué hubiese sido de mi vida si no hubiese venido para acá? ¿Hubiese comprendido el verdadero gozo de la hospitalidad? ¿Hubiese aprendido el valor del cariño y del amor fraternal? ¿Hubiese convivido con tantos hermanos en una iglesia unida y amorosa?
Ahora que me voy a ir, llevo a Venezuela y su gente en mi corazón. Cada venezolano que vea en el extranjero será un amigo. No sólo llevo buenos recuerdos, sino un amor por la música venezolana, el béisbol ¡vamos Leones!, los panas y por supuesto, la chicha. También llevo mi acentico. Aunque éste puede cambiar con el tiempo, sólo hará falta una semana en la patria para volver a hablar caraqueño o oriental como es debido.
Muchos en el extranjero critican a Venezuela por la situación difícil que está atravesando ahora. Digan lo que digan, nunca dejaré que hablen mal de Venezuela sin que yo defienda a mi gente. Nuestra querida Venezuela tiene hermosas playas, montañas y mucha flora y fauna espectacular pero definitivamente lo mejor que tiene Venezuela es su gente.
Voy a extrañar la bulla, los gritos de alegría, la exagerada manera que te saludan los panas como si no te hubiesen visto en un año, el bochinche, los abrazos de oso, el echar cuentos con los panas, el cariño, la hospitalidad que nace en el alma del venezolano, la eterna disposición de echar una canta’ita, la espontaneidad, la sinceridad de la gente, las playas de oriente, la generosidad de los pobres y sobre todo la iglesia.
Soy una mejor persona por haber pasado por estos lares. Escribo estas palabras con lágrimas en mis ojos no porque siento que he perdido, sino porque he ganado. He ganado amigos y una gran familia. Han sido 1.659 días de bendición.
Gracias, mi Dios, por la bendición de venir para acá. ¡No soy digno de tanta bendición! Guarda tu pueblo en Venezuela de todo mal y permita que lleguemos juntos a los cielos para morar contigo eternamente.
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